Llegan los
últimos días de Agosto; se inicia Septiembre, y con él, el anuncio inminente
del final de las vacaciones de verano, al menos, para un 70%(o más), de la
población.
Las familias
han estado conviviendo mucho más que el resto del año, pues los compromisos
profesionales, han quedado durante bastantes días en suspenso.
¡Menos mal!
Todos necesitamos desconectar y pensar en compartir el tiempo que no tenemos
durante el invierno, con hijos, pareja, padres, hermanos, familia política…
Aunque ya sabemos que esto último no es deseable para mucha gente, que no
tiene, digamos, un trato demasiado fluido con la familia del cónyuge en
cuestión, si hay otra que está a gusto y disfruta de esos momentos de desconexión
con todo su entorno.
También hay
gente, que por motivos educacionales, financieros o simplemente porque
consideran “que es su obligación”,
pasa, sino todo el verano, una buena parte de él, con personas, que a pesar de
que les unen lazos de sangre y la misma
raíz familiar, no termina de sentirse en consonancia, y lo que deberían ser una
vacaciones felices y relajadas, termina por convertirse en una especie de
“tortura china psicológica”, en la que se sienten impotentes por no poderla
evitar, y por tanto, rezan con tesón, para que el día del regreso a casa, y a
su puesto de trabajo, llegue pronto.
Lo cierto es
que es una pena; pues ese tiempo de descanso mental y físico, que todos
necesitamos tener, al menos, un par de veces al año, se transforma en todo lo
contrario: un desgaste energético importante, y una fuente de clarísimo estrés.
¿Qué podemos
hacer? Desde luego no es sencilla la respuesta, pues el “pasar de todo”:
obligaciones reales y auto impuestas, buscar lo que más le conviene a los hijos
“(¡que en casa de los abuelos, disfrutan
como enanos, y además, los abuelos necesitan verlos!”), y agradar a la
pareja, que es posible que no vea a sus padres y hermanos en todo el año, no
nos pone nada fácil la solución.
Si la pareja
o la persona, posee una saneada cuenta corriente, puede llegar a apañarlo; sacrifican
unos días por el bien de los suyos, sabiendo que el resto de sus vacaciones
serán diseñadas a su gusto, y solamente compartidas con quienes de verdad
desean. Y esto es llevadero.
Pero si el
problema es económico, sólo hay dos opciones: alojarnos en casa de los
padres/suegros/hermanos, o quedarnos en nuestra ciudad sin salir de ella, con
el consiguiente disgusto general, y más en el caso de los niños, si los
hubiera.
Cuando la
razón nace de la aferrada creencia, de que “es
nuestra obligación, aunque nos mate”,
la respuesta no puede ser otra que asertivizar y racionalizar el tema, buscando
el complacer a los otros, por supuesto, pero hasta cierto límite; justo el
límite en donde podría iniciarse nuestro desgaste emocional.
Aquellos de
vosotros que conocéis lo que significa la palabra ASERTIVIDAD, sabéis muy bien lo que pretendo decir. Y para los que no lo
sepan: SER ASERTIVO ES DEFENDER NUESTROS DERECHOS LEGÍTIMOS, PODER MOSTRAR
AFECTO Y AGRADO, PERO TAMBIÉN DESAGRADO Y DISCONFORMIDAD, SIEMPRE ENFRENTADO EL
CONFLCTO HÁBILMENTE, SIN HACER DAÑO AL OTRO, CUIDANDO NUESTRO LENGUAJE Y
EXPRESIONES, Y HACIÉNDOLE ENTENDER, QUE PARA PODER ESTAR BIEN CON NUESTRO
ENTORNO, PRIMERO DEBEMOS ESTARLO CON NOSOTROS MISMOS.
Ser
asertivo, no es ser egoísta, todo lo contrario. El comportamiento asertivo,
conlleva mantener unas relaciones civilizadas y carentes de falsedad o
radicalismo.
Es
importante sacrificarnos por los demás, pero hay que saber: cuando, por quien, y cómo hacerlo.
Mi consejo,
si me permitís que os lo exponga, es el siguiente:
Busca la
manera de dividir los días, de tal forma que siempre queden unos cuantos para
pasarlos con quien de verdad quieras y donde quieras (si económicamente no se puede, que nuestra
propia casa se transforme en un lugar cálido y de descanso, aprovechando el tiempo en actividades lúdicas y sosegadoras).
Y el tiempo que deba (o que crea que deba)
pasar en “pandilla familiar”, aceptarlo pensando en lo feliz que hago a
los otros, y buscando momentos de placidez, aún dentro de ese entorno, (perderse
en paseos matinales, quedar con los amigos, salir con la pareja, etc). Y prepararse
previamente con ejercicios de relajación y entrenamiento emocional, que con la
suficiente práctica, conseguirán que ese periodo, que en principio nos parece “una
tortura”, transcurra de forma tranquila.
Si nos toca
convivir con alguien con el que claramente tenemos declarada “una guerra”,
evitar los conflictos inútiles, y sólo discutir cuando realmente sintamos que se pone en juego nuestra
dignidad o nos afecte de forma práctica
Pensar que
es más inteligente y operativo, el evitar un sufrimiento estéril, cuando la
mayoría de las ocasiones, un comentario
o actitud hacia nosotros, llamémoslo, “desafortunado”, lo único que pretende es
molestarnos, y realmente la persona en
cuestión que nos lo hace, nos importa muy poco. Y si no fuera así, ponernos en
su lugar, admitiendo su falta de empatía, inconsciencia del daño que puede provocar,
o corto desarrollo emocional.
El resto del tiempo, ignorar y sonreír,
ignorar y sonreír, ignorar y sonreír…

Hola Eugenia, ¡¡lo he puesto en práctica!! 1º nos fuimos mi marido, mi hija y yo los 3 solos, a nuestro aire. Esto me dio fuerzas para volver con las pilas cargadas para enfrentarme a la "super pandilla familiar". Al final ha resultado ser uno de mis mejores veranos. Qué razón tienes en que hay que hacer una preparación previa. Gracias¡¡
ResponderEliminarMuy buen post. Se ven las cosas de otra manera cuando eres asertivo. Y contribuye a una mejor autoestima.
ResponderEliminarMe han parecido muy prácticas tus opiniones Eugenia. Creo que aprender a decir lo que quieres y lo que no quieres,desde el respeto y la honestidad sólo lleva a una parte MEJORAR.
ResponderEliminarUn beso
Concha