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jueves, 29 de agosto de 2013

ASERTIVIDAD DEFINICIÓN (REFLEXIONES DESPUES DE VACACIONES)

Llegan los últimos días de Agosto; se inicia Septiembre, y con él, el anuncio inminente del final de las vacaciones de verano, al menos, para un 70%(o más), de la población.
Las familias han estado conviviendo mucho más que el resto del año, pues los compromisos profesionales, han quedado durante bastantes días en suspenso.
¡Menos mal! Todos necesitamos desconectar y pensar en compartir el tiempo que no tenemos durante el invierno, con hijos, pareja, padres, hermanos, familia política… Aunque ya sabemos que esto último no es deseable para mucha gente, que no tiene, digamos, un trato demasiado fluido con la familia del cónyuge en cuestión, si hay otra que está a gusto y disfruta de esos momentos de desconexión con todo su entorno.

También hay gente, que por motivos educacionales, financieros o simplemente porque consideran “que es su obligación”, pasa, sino todo el verano, una buena parte de él, con personas, que a pesar de que les unen lazos  de sangre y la misma raíz familiar, no termina de sentirse en consonancia, y lo que deberían ser una vacaciones felices y relajadas, termina por convertirse en una especie de “tortura china psicológica”, en la que se sienten impotentes por no poderla evitar, y por tanto, rezan con tesón, para que el día del regreso a casa, y a su puesto de trabajo, llegue pronto.
Lo cierto es que es una pena; pues ese tiempo de descanso mental y físico, que todos necesitamos tener, al menos, un par de veces al año, se transforma en todo lo contrario: un desgaste energético importante, y una fuente de clarísimo estrés.

¿Qué podemos hacer? Desde luego no es sencilla la respuesta, pues el “pasar de todo”: obligaciones reales y auto impuestas, buscar lo que más le conviene a los hijos “(¡que en casa de los abuelos, disfrutan como enanos, y además, los abuelos necesitan verlos!”), y agradar a la pareja, que es posible que no vea a sus padres y hermanos en todo el año, no nos pone nada fácil la solución.

Si la pareja o la persona, posee una saneada cuenta corriente, puede llegar a apañarlo; sacrifican unos días por el bien de los suyos, sabiendo que el resto de sus vacaciones serán diseñadas a su gusto, y solamente compartidas con quienes de verdad desean. Y esto es llevadero.
Pero si el problema es económico, sólo hay dos opciones: alojarnos en casa de los padres/suegros/hermanos, o quedarnos en nuestra ciudad sin salir de ella, con el consiguiente disgusto general, y más en el caso de los niños, si los hubiera.

Cuando la razón nace de la aferrada creencia, de que “es nuestra obligación, aunque nos mate”, la respuesta no puede ser otra que asertivizar y racionalizar el tema, buscando el complacer a los otros, por supuesto, pero hasta cierto límite; justo el límite en donde podría iniciarse nuestro desgaste emocional.

Aquellos de vosotros que conocéis lo que significa la palabra ASERTIVIDAD, sabéis muy bien lo que pretendo decir. Y para los que no lo sepan: SER ASERTIVO ES DEFENDER NUESTROS DERECHOS LEGÍTIMOS, PODER MOSTRAR AFECTO Y AGRADO, PERO TAMBIÉN DESAGRADO Y DISCONFORMIDAD, SIEMPRE ENFRENTADO EL CONFLCTO HÁBILMENTE, SIN HACER DAÑO AL OTRO, CUIDANDO NUESTRO LENGUAJE Y EXPRESIONES, Y HACIÉNDOLE ENTENDER, QUE PARA PODER ESTAR BIEN CON NUESTRO ENTORNO, PRIMERO DEBEMOS ESTARLO CON NOSOTROS MISMOS.
Ser asertivo, no es ser egoísta, todo lo contrario. El comportamiento asertivo, conlleva mantener unas relaciones civilizadas y carentes de falsedad o radicalismo.
Es importante sacrificarnos por los demás, pero hay que saber: cuando, por quien, y cómo hacerlo.

Mi consejo, si me permitís que os lo exponga, es el siguiente:
Busca la manera de dividir los días, de tal forma que siempre queden unos cuantos para pasarlos con quien de verdad quieras y donde quieras (si económicamente no se puede, que nuestra propia casa se transforme en un lugar cálido y de descanso, aprovechando  el tiempo en actividades lúdicas y sosegadoras).
Y el tiempo que deba (o que crea que deba)  pasar en “pandilla familiar”, aceptarlo pensando en lo feliz que hago a los otros, y buscando momentos de placidez, aún dentro de ese entorno, (perderse en paseos matinales, quedar con los amigos, salir con la pareja, etc). Y prepararse previamente con ejercicios de relajación y entrenamiento emocional, que con la suficiente práctica, conseguirán que ese periodo, que en principio nos parece “una tortura”, transcurra de forma tranquila.

Si nos toca convivir con alguien con el que claramente tenemos declarada “una guerra”, evitar los conflictos inútiles, y sólo discutir cuando  realmente sintamos que se pone en juego nuestra dignidad o nos afecte de forma práctica 
Pensar que es más inteligente y operativo, el evitar un sufrimiento estéril, cuando la mayoría  de las ocasiones, un comentario o actitud hacia nosotros, llamémoslo, “desafortunado”, lo único que pretende es molestarnos,  y realmente la persona en cuestión que nos lo hace, nos importa muy poco. Y si no fuera así, ponernos en su lugar, admitiendo su falta de empatía, inconsciencia del daño que puede provocar, o corto desarrollo emocional.



El resto del tiempo, ignorar y sonreír, ignorar y sonreír, ignorar y sonreír…

3 comentarios:

  1. Hola Eugenia, ¡¡lo he puesto en práctica!! 1º nos fuimos mi marido, mi hija y yo los 3 solos, a nuestro aire. Esto me dio fuerzas para volver con las pilas cargadas para enfrentarme a la "super pandilla familiar". Al final ha resultado ser uno de mis mejores veranos. Qué razón tienes en que hay que hacer una preparación previa. Gracias¡¡

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  2. Muy buen post. Se ven las cosas de otra manera cuando eres asertivo. Y contribuye a una mejor autoestima.

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  3. Me han parecido muy prácticas tus opiniones Eugenia. Creo que aprender a decir lo que quieres y lo que no quieres,desde el respeto y la honestidad sólo lleva a una parte MEJORAR.
    Un beso
    Concha

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