Cada mañana, lo primero que me gusta ver cuando me levanto,
es el alto y espeso árbol que está delante de mi ventana; luego, suelo dirigir
mi mirada hacia lo más alto, para comprobar con una sonrisa, que el sol luce
radiante en estos días de verano: observo las nubes en sus juguetonas formas, y
me empapo del azul del que está teñido el cielo. En invierno, hago la misma
operación, aunque a veces el sol no resplandezca, y el día haya amanecido algo
más gris. No es lo mismo, claro está, pero no por ello, menos hermoso.
Creo que sabemos que el verdadero sentido de cada
instante, tiene más sentido, si lo
vivimos rodeados de plantas, flores, árboles, agua –en cualquiera de sus
manifestaciones-, sol, cielo, nubes, lluvia…
¿Por qué es tan importante para nosotros, los seres humanos, buscar de forma incansable estos paisajes? Pues porque el resultado de encontrarlos, es sentirnos un poco más libres, un poco más, livianos, un poco –o un mucho-, más SERENOS.
Necesitamos evadirnos cada cierto tiempo, y casi siempre
buscamos hacerlo en plena naturaleza: ya sea en el mar, en la montaña, o en el
pueblo de nuestra infancia, que claro está, por lo natural, se encuentra
rodeado por muchos de estos elementos.
La vorágine en la cual transcurren nuestros días de forma ordinaria, a veces parece engullirnos por completo, ahogarnos en medio de mil decisiones a tomar, mil tareas poco gratificantes que realizar, en un ritmo trepidantes, y del que deseamos apearnos muy a menudo.
Comulgar con la naturaleza, mientras aprendemos a
desconectar de nuestro “yo” autómata y ocupado, para conectar con un “YO”, más
íntimo, que es a la vez más auténtico y visceral, se nos hace imprescindible
para renovar las energías, y afrontar de forma más calmada y eficaz, todos y
cada uno de los acontecimientos, ya sean buenos, malos o regulares, con los que
tenemos que “pelear”.
Y ahora, te propongo que imagines por un momento, el verde de los árboles, el sonido cercano del agua al correr, el armónico canto de los pájaros, los rayos solares descompuestos en un festival de colores, que nos calientan y alimentan, la grandeza de las montañas, el leve sonido del crujir de una hoja al ser pisada… EL SILENCIO, ¿sabemos realmente lo que es “escuchar el silencio”?.
Y en este momento, imagínate a ti mismo, reconociendo, percibiendo y notando todas estas sensaciones, mientras paseas tranquilamente por un bosque; quizá el de tu niñez, o tal vez, el bosque encantado en el que jugabas a perderte, cuando leías uno de tus cuentos favoritos: ¿QUÉ SIENTES?
Puedes volver a sentirlo si de verdad lo deseas:
Aprende a relajarte cuando lo necesites, a mantener a raya
el estrés, y a reírte de nuevo de ti mismo y con los demás, “a carcajada
limpia”.
Si quieres, con nosotros es posible en

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