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martes, 5 de agosto de 2014

NATURALMENTE SERENOS

Cada mañana, lo primero que me gusta ver cuando me levanto, es el alto y espeso árbol que está delante de mi ventana; luego, suelo dirigir mi mirada hacia lo más alto, para comprobar con una sonrisa, que el sol luce radiante en estos días de verano: observo las nubes en sus juguetonas formas, y me empapo del azul del que está teñido el cielo. En invierno, hago la misma operación, aunque a veces el sol no resplandezca, y el día haya amanecido algo más gris. No es lo mismo, claro está, pero no por ello, menos hermoso.


Agradezco esta sutil visión de lo natural, que me hace consciente de que ante todo, lo que la mayoría de las personas anhelamos, es rodearnos de belleza no creada de forma artificial; de respirar un aire no adulterado por los coches, las fábricas, las chimeneas…, en fin, por la ciudad. De sentir en nuestra piel, la brisa y el frescor con los que el aire nos envuelve.
Creo que sabemos que el verdadero sentido de cada instante,  tiene más sentido, si lo vivimos rodeados de plantas, flores, árboles, agua –en cualquiera de sus manifestaciones-, sol, cielo, nubes, lluvia…

¿Por qué es tan importante para nosotros, los seres humanos, buscar de forma incansable estos paisajes? Pues porque el resultado de encontrarlos, es sentirnos un poco más libres, un poco más, livianos, un poco –o un mucho-, más SERENOS.
Necesitamos evadirnos cada cierto tiempo, y casi siempre buscamos hacerlo en plena naturaleza: ya sea en el mar, en la montaña, o en el pueblo de nuestra infancia, que claro está, por lo natural, se encuentra rodeado por muchos de estos elementos.

La vorágine en la cual transcurren nuestros días de forma ordinaria, a veces parece engullirnos por completo, ahogarnos en medio de mil decisiones a tomar, mil tareas poco gratificantes que realizar, en un ritmo trepidantes, y del que deseamos apearnos muy a menudo.
Comulgar con la naturaleza, mientras aprendemos a desconectar de nuestro “yo” autómata y ocupado, para conectar con un “YO”, más íntimo, que es a la vez más auténtico y visceral, se nos hace imprescindible para renovar las energías, y afrontar de forma más calmada y eficaz, todos y cada uno de los acontecimientos, ya sean buenos, malos o regulares, con los que tenemos que “pelear”.

Y ahora, te propongo que imagines por un momento, el verde de los árboles, el sonido cercano del agua al correr, el armónico canto de los pájaros, los rayos solares descompuestos en un festival de colores, que nos calientan y alimentan, la grandeza de las montañas, el leve sonido del crujir de una hoja al ser pisada… EL SILENCIO, ¿sabemos realmente lo que es “escuchar el silencio”?.


Y en este momento, imagínate a ti mismo, reconociendo, percibiendo y notando todas estas sensaciones, mientras paseas tranquilamente por un bosque; quizá el de tu niñez, o tal vez, el bosque encantado en el que jugabas a perderte, cuando leías uno de tus cuentos favoritos: ¿QUÉ SIENTES?


Puedes volver a sentirlo si de verdad lo deseas:

Aprende a relajarte cuando lo necesites, a mantener a raya el estrés, y a reírte de nuevo de ti mismo y con los demás, “a carcajada limpia”.

Si quieres, con nosotros es posible en

DESTINO.....LA SERENIDAD


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