Páginas

viernes, 9 de agosto de 2013

MAR, DEPRESIÓN Y "AMAR CON MAYÚSCULAS"

He vuelto hace muy poco de pasar 10 días en la playa, de esa playa que conozco como la palma de mi mano, en la que la visión del mar, de mi casa y del cielo, hacen que siempre merezca la pena volver, y por eso llevo 47 años retornando a ella.
En la cual pasé, no siempre una feliz niñez, pero si una adolescencia y juventud insuperables, con mi familia, siempre buena, aunque entonces joven y distinta, y con mi pandilla, de la que quedan apenas unos cuantos - y siento decirlo-, con los que en estos momentos tengo ya muy poco que ver en todos los sentidos. Y aunque no han sido las vacaciones esperadas, por diversas circunstancias, entre otras, que mi pareja, no pudo compartirlas conmigo –cosas del trabajo de ser autónomo, ¡qué le vamos a hacer!-, me han servido de nuevo, para reflexionar sobre algunas cosas.Ahora, sólo pretendo hablar de una:

Encontré a un hombre, al que conozco hace tantos años como tengo, pero del que desconocía todo en absoluto, hasta ahora. Un hombre mayor, y al que suponía buena persona, pero del que puedo afirmar en estos momentos con toda certeza, que desde luego lo es.

Este hombre, responsable, trabajador, buen padre y marido, tiene una depresión. No es la primera, pero espero de corazón que sea la última. Hablé con él durante estos días, sólo en tres breves ocasiones, y comprobé con tristeza que lo está pasando muy mal. No sólo lo sentí así: lo sé.
¿Porque lo sé? Pues porque yo hace apenas tres meses, salí de mi propio infierno ¿Cómo lo conseguí?: Con fuerza de voluntad, ganas de curarme, y una maravillosa doctora que practicándome acupuntura un par de veces por semana, durante unos meses, consiguió demostrarme que era posible, qué existen más caminos más allá de la medicina tradicional. Yo lo intuía, y encontré el mío.

Aunque la depresión, sea exógena (provocada por las circunstancias), o endógena (provocada por un desajuste químico u hormonal) es una enfermedad en que te percibes a ti mismo, como una persona solitaria y desconocida, en dónde la soledad que llegas a sentir es indescriptible e infinita, en la que a ojos de los otros, es invisible, pues no muestra señales físicas –aparte de la inamovible cara de dolor-,como puede hacerlo un cáncer o cualquier otro mal de origen fisiológico, se puede curar.

Yo salí de ella, sobre todo, con AMOR, con mucho, mucho AMOR. Amor, paciencia y tolerancia de los míos, aunque la mitad de las veces no me entendieran (no lo sé, lo imagino), nunca me lo hicieron saber, y en cambio si me demostraron que su tiempo era el mío, y que yo marcaría el paso de mis confesiones, encuentros y silencios, sin echarme nunca nada en cara, simplemente mostrándome su rostro y estando allí.
A todos ellos, GRACIAS, siempre y por siempre, GRACIAS.

Dónde estuvieron todos a los que amo y me aman, empezando por mi pareja, mi auténtico compañero de vida, que me ha vuelto a demostrar, que mereció la pena nacer, aunque solamente fuera para conocerle. Sí, me desesperan a veces sus estrepitosos despistes y otros “asuntillos”, como a él le desespera mi vehemencia y mal genio, y “otros asuntillos” también, pero con el que puedo usar, entre otras, cuatros palabras para describir nuestra relación: respeto, comunicación, compañerismo y confianza, por supuesto, además de amor.

Y a los que no amo ni me aman, me daba igual donde estuvieran.

En esta lista de seres especiales, ocupan un lugar privilegiado mis dos ”hijos” felinos, que lamieron mis heridas, y me acompañaron lealmente, sin descanso, como lo hacen a diario; y los arrumacos y mimos que alegraron mis días, de otros dos especímenes de cuatro patas: el perro de mis vecinos/amigos de la playa, con su desparpajo y espontaneidad y la perra de mi hermano, con su insaciable ternura. Eso es lo que tienen los llamados “seres irracionales”, que son tremendamente emocionales. Quien tiene la inmensa suerte de tenerlos a su lado, lo sabe.

Seguramente habrá personas que al leer estas líneas se sorprendan de lo que he pasado, pero eso es lo bueno: lo he pasado, no me avergüenzo,  y como no me he apeado en ningún momento en el transcurso de este trance de mis propios asuntos y responsabilidades, -aunque si me haya tomado algunos descansos-, apenas se ha notado.

Pero volvamos al hombre mayor, del cual ahora sé muchas más cosas. Le dije que lo suyo, era “una enfermedad del alma”,  (expresión, que valga la redundancia, “le llegó al alma”); que sus síntomas eran casi idénticos a los míos;  que la vergüenza, la culpa, el cansancio, no eran más que lugares comunes; que no era débil, ni apático ni mucho menos maniático o lunático, simplemente, estaba ENFERMO.

Creo que le abrí una ventana, -eso espero-, ahora él tendrá que abrir la pesada, pero posible puerta que tiene delante, y confío en que lo hará.

Pero esto no es un mensaje para él, lo que le tenía que decirle, ya se lo dije.
Es un mensaje para todos aquellos que viven junto a un enfermo aquejado de esta dolencia. Es tremendamente complicado hacerlo, desesperante e irritante. En el 40% de las ocasiones, te llevan los “demonios”, te gustaría “emigrar a las antípodas”, y olvidarte de que hay alguien en tu vida, que sólo llora, se queja y/o siente y ve las cosas muy distorsionadas. Pero, al que quieres, y como tal, vuelves a mirar a los ojos con ternura, a cogerle la mano y a decirle: “-Pasará, todo pasará, ya lo verás, esto solo es un mal sueño, aunque, desgraciadamente, un poco largo-“ Y si no lo haces así, es que tu cariño hacia él, cojea por algún lado.

No dejéis por tanto de escucharle, de respetarle y de entenderle (aunque no lo hagáis). No dejéis de hablarle, de reñirle a veces, o de estrecharle en vuestros brazos en otras; no permitáis nunca que pierda la esperanza, ni os permitáis perderla vosotros mismos. El AMOR, con mayúsculas, sin duda, es la mejor medicina. Parece un tópico, pero es la verdad.

Es de lo único de lo que estoy segura en esta vida, por lo demás, todo puede pasar.

5 comentarios:

  1. POR ALUSIONES
    ¡NO!, no es fácil convivir y acompañar a una persona enferma de depresión.
    ¡Claro que el AMOR, es el ingrediente principal de la “poción mágica” para conseguirlo!
    Con todo y con eso; habría que haber “caído dentro de la marmita como Obélix” para, en muchas ocasiones, no desfallecer.....continuaré en una nueva entrada del blog

    ResponderEliminar
  2. GRACIAS EN MAYÚSCULAS EUGENIA!!!! De todo corazón es lo unico k puedo deciry de como resumiria nuestras dos excasas visitas! AMOR,COMPRENSION Y PAZ,fue lo k tu me diste nada mas llegar, porfin me siento escuchada y empiezo a estar convencida que al igual que mi madre (una mujer que como a ti,te admiro) se que saldré adelante. Mi fuerza de voluntad y el amor de los mios,esos pequeños detalles de cada día,como el haberte conocido hacen que uno se levante con una sonrisa y con ganas de vivir. GRACIAS!!!

    ResponderEliminar
  3. Pero que bien escribes Eugenia, me ha encantado leerte y me has emocionado¡¡ Gracias

    ResponderEliminar
  4. Eugenia, escribo entre lágrimas. Lo has relatado a la perfección. Yo tengo que darte gracias a ti por escucharme y ayudarme a ver la vida de otra manera. GGA

    ResponderEliminar
  5. Eugenia, no he podido evitar las lágrimas. Efectivamente es así, con amor es como se puede superar todo. Gracias a esas personas que nos quieren y que nos ayudan a levantarnos cuando sentimos que nos caemos. Y gracias a ti Eugenia, quién mejor que tú para escuchar y ayudar.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.